La golondrina, la mierda de vaca y el gato traisionero

•Jueves 7 octubre 2010 • 3 comentarios

Buenos días hermanos míos en la fe.
He pensado que para empezar el día con cara de buena persona, nada mejor que orientaros en vuestro largo caminar por la senda de la vida contándoos una aleccionadora fábula sobre la amistad, el cariño y, por qué no decirlo, la cacota. Prestad atención, amiguitos, y vosotros también que estáis en vuestras casas:

Una bandada de golondrinas se preparaba para migrar a aires más cálidos, puesto que llegaba el invierno. Pero una de ellas, toda chula y ufana, se quedó en el sofá fumándose un flai y tomándose un güisqui. Sus amiguitos le decían: “Levanta el culo, y tira parriba, que te va a pillar la rasca y se te van a congelar las alas” a lo que la golondrina respondía: “anda, iros a tomar por saco, que voy toa siega. cuando me baje la pájara ya sus pillaré”. Así, la golondrina se quedó en el sofá con el medio jamacuco y cuando despertó, con un resacón de la leche, exclamó: “Otia puta! que me he sobao!” Y echó a volar, sin ni siquiera pintarse, esperando que sus amiguitos se hubieran parado en el putiferio aquel que había por Marrakech, donde ya empezaba a hacer calorcillo, y ahí les alcanzaría seguro pues era parada obligatoria, que había ahí unas pájaras que quitaban el hipo y hasta el dolor de juanetes.
Pero… Ah, insensata! Con tó el sebollón se había columpiao demasiado y fuera hacía un frío de la jostia, conque tal como dijeron sus amiguitas sus alas se empezaron a entumecer. Cada vez le costaba más mover las alas! Perdía altura! Poooobre golondrina! Adonde le habían llevado las drongas sino a una muerte segura! La golondrina cayó finalmente al suelo donde panza arriba esperó pacientemente la muerte. bueno, pacientemente no, que se había dejado el chinolo ful con las prisas y llevaba una asfixia que no te digo ná.
A punto estaba de morir cuando una vaca que pasaba por ahí, sin reparar en la moribunda golondrina plantó un peaso tordo, vulgarmente conocido como cacho mierda, que sepultó a la golondrina. Con el calorcillo de la hez, la golondrina se sintió revivir y tal fue su euforia por haber burlado a la parca que exultante de felicidad empezó a cantar como sólo las aves saben hacerlo: “pirripipí pirripipí, qué de puta madre se está aquí!” Pero hete aquí que un gato, atraído por los cantos de la golondrina, se acercó al truño, la miró con ojos tiernos, la cogió dulcemente con sus patitas, la sacó del mierdón, la lavó con cariño… y se la comió!
Esta fábula no tiene una moraleja, sino tres:

-No todo el que se caga en tí te querrá mal
-No todo el mundo que te saca de una mierda va a ser tu amigo
-Si estás a gusto entre la mierda… cállate.

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Cagüenlaputaqueparió…

•Lunes 27 julio 2009 • 11 comentarios

…a los que llevan el coche como si estuviesen jugando al Need For Speed.

Me entero anteayer de que el jueves pasado el administrador de mi querido (y único) foro “ángeles caídos” (ver blogroll) sufrió un accidente bastante grave cuando corría por su barrio.

Por qué corría? Huía de la pasma? le perseguía el sastre?

NO! Sólo hacía footing. Sólo intentaba cuidarse un poco, a sus treintaypocos.
Bien por él, aunque el cuidarse casi resultó más letal que el fumar.

Por lo visto al cruzar una calle un coche que iba demasiado rápido (no sabemos cómo de rápido) le metió un viaje en el que acabó con no sé cuántas costillas rotas y fractura de cráneo.

Afortunadamente, pasadas las horas críticas parece que va respondiendo lenta pero favorablemente, aunque hasta que no abra los ojos y pida un cocidito madrileño voy (vamos) a estar con un nudo en las tripas.

Puestos a reflexionar, y para seguir en mi línea de puto amargao, aprovecho para hacer chanza acerca de los conductores que ponen el grito en el cielo cuando les obligan a circular a 30 por hora en las calles interiores de los barrios de Barcelona (al menos que yo sepa), a 50 en las vías anchas y a 80 en las autovías.

No os gusta que os levanten el piececito del acelerador? Pues vendeos el puto coche, manga de gilipollas, así al menos sacaréis algo de pasta para haceros un injertito de virilidad, que por lo visto es lo que intentáis suplir llevando el puto coche como gorilas en celo rebozados en testosterona.
Tenéis prisa? Salid antes.
Tenéis MUCHA prisa? Salid MUCHO antes.
Os queréis matar? Os podría sugerir métodos más indoloros para vosotros y para los demás.
Os gusta la velocidad? pues os vais al puto dragon khan y os dais vueltecitas hasta que la inercia os mande el ojete a la boca por vía endogástrica.

Pero por favor, revisad el barrio sésamo:
30 significa treinta. Hay una agujita que lo marca claramente.

Supongo que si algún conductor que responda al perfil arriba citado (suponiendo que no sea iletrado además de anumérico) querrá hacer un comentario.

En serio, os lo podéis ahorrar si queréis evitar parecer más basura cuadrúpeda e indocumentada de lo que ya sois.

La misma noche, casualmente, yendo a por tabaco, un motorista (con su moto, obviamente) salió de entre dos coches dispuesto a saltarse el semáforo (fíjate tú, además de iletrado, anumérico y gilipollas, daltónico. Quién da más?) y me fue de medio metro.
Por suerte sólo me dio en el codo con un espejo, de lo que únicamente conservo una costra que desaparecerá y yo tan feliz.

Veremos cómo le va a Jesús, mi amiguete, cuando abra los ojitos.

Un abrazo, nen! Abre los ojos que madrid es menos interesante si no tengo buenos amigos andando por ahí.

La hipocresía con lacito queda más mona.

•Viernes 17 abril 2009 • 6 comentarios

Ahora resulta que la Conferencia Episcopal promovió los lacitos de color blanco como símbolo de amor a la vida, de rechazo al feticidio, en un acto de hipocresía sin parangón.

No es que vaya a soltar una diatriba acerca de lo ético o antiético del aborto puesto que aún teniendo opinión debo mirar el tema un poco desde fuera ya que como jamás pariré, ni abortaré, ni tendré depresiones post-parto, ni post-aborto, ni sabré lo grande que es ignorar el dolor para traer un hijo/a al mundo, pues mejor me callo con el temita.

Así pues, una opinión al respecto quedaría tan hipócrita como la postura de la Iglesia.
Tan hipócrita como las afirmaciones del Paparina Ratzinger acerca del condón y el sida.
No debería hacer falta recordar un comentario que ha dado la vuelta al mundo, pero como soy tan enrrrrrollao, ahí va: “El preservativo es completamente inútil para prevenir el contagio de sida. Es más, lo empeora”.
Y esto, si lo hubiese dicho sentadito en su poltrona, en su micro-estado de capellanes mafiosos, caraduras, mentirosos e hipócritas (valga la redundancia), pues mira, uno pensaría “mira, el yayo chochea. Tú ni caso”.
Pero es que el muy hijo de puta lo suelta nada menos que en un viaje a África, el continente más castigado por la enfermedad.
De verdad, hay que ser muy, pero que muy cínico e hijo de puta.

Además el lacito blanco ya se estiló cuando había que reclamar la paz en el mundo, aunque después cambiásemos de canal cuando las imágenes de guerra y hambre nos hacían sentir culpables por estarnos comiendo un filete en la paz y armonía familiar.

Pero claro, lacitos hay de todos los colores.
Rojos para el sida, verdes para el cáncer en general, amarillos para el de próstata en particular, rosas para el de mama, azules contra el terrorismo, violetas para “seguro que hay algo”…
Un solidario de postal debe tener un perchero sólo para tener los lacitos ad hoc para cada ocasión.

Veamos un ejemplo:

– Cariño, crees que el lacito rojo sienta bien para la corbata azul?
– Uy, no, para nada. Así parecerá que eres solidario con el Barça.
– También es verdad… Poca falta les hace…
– Si te pones la camisa blanca el lacito azul oscuro te quedará bien.
– Pero cariño, que hoy es el día mundial del sida, y el azul es contra el terrorismo!
– Y qué quieres? ir con la corbata Naranja, el lacito rojo y el traje gris? Parecerás el Carrascal! No seas hortera!
– Pues ya me dirás…
– Nada, nada, el azul. No pienso salir de casa contigo si vas dando el cante.
– Jo, pero es que el azul no pega, hace tiempo que la ETA no se carga a nadie.
– Pues ponte el negro, que combina con todo.
– Pero si no se ha muerto nadie.
– Anda que no! Piensa un poco: Si te pones el negro te muestras solidario con las personas que mueren de sida, de hambre, en la guerra, en atentados terroristas, por el cáncer de próstata, por el de mama, por el de pulmón, por ablación de clítoris y por la gripe caballuna.
– Pero… Es que todo eso tiene su propio color.
– Ya, pero es que son colores más alegres. Esos mejor para el verano.
– También es verdad. Me pongo el negro y santas pascuas.
– Pues venga, apúrate que si llegamos tarde nos quedaremos sin ostras, y una cena benéfica no se hace todos los días.
– Vale. Has cerrado el gas?
– Sí.
– Y las botellas? las has separado para reciclar?
– Uy, no! Tendré que ponerme un lacito verde para acordarme!
– Ese no es el del cáncer?
– Sí. Bueno, es igual. Total, casi nadie recicla…
– Venga, vámonos, que tienes razón. Aún nos quedaremos sin ostras.

¿Y la moda de las pulseritas de goma?
¿no se suponía que eran porque el ciclista aquel tenía cáncer de nosequé?
¿Y de qué tienen cáncer los niñatos de High School Musical? Porque de esas también he visto…

Pitillos, lápices y la madre que parió al teléfono.

•Lunes 26 enero 2009 • 16 comentarios

La verdad, yo no sé a otros fumadores, pero a mí la ley antitabaco de Enero de 2006 según la cual quedó estrictamente prohibido fumar en los centros de trabajo me puso en un aprieto más o menos serio.

De tantas veces que he intentado dejar de fumar he terminado por darme cuenta de que más que una adicción puramente química -que también hay de eso, y mucho- mi rutina de fumador se rige por una serie de actos cotidianos que el paso del tiempo ha convertido en mecánicos, desde la mano que busca sola el paquete de tabaco en la mesilla de noche cuando suena el despertador hasta sacar el piti en las escaleras mecánicas del metro, por decir algo.

Pero si algo he llegado a echar en falta de verdad es fumar mientras hablo por teléfono. Era como si estuviese adiestrado para ello. Igual que se enseña a los perritos a asociar un sonido con una orden, el timbre del teléfono me hacía sacar un pitillo de forma automática.

Cuando la prohibición entró en vigor no sabía qué hacer cuando sonaba el teléfono. Probé los más variados sustitutos sin éxito: caramelos, juguetear con la barba -la mía-, tamborilear con un boli… Nada parecía funcionar.

Pero un día empecé a emborronar una hoja con dibujillos y por fin encontré algo que me distraía lo bastante la atención como para hablar por teléfono y estar haciendo otra cosa al mismo tiempo.

La inmensa mayoría de estos dibujos acaba traspapelado en pilas de impresos, notas o directamente en la papelera. Pero hoy he rescatado un par de ellos.

 

1

2

Lo que pasa es que a veces me asalta el terrible pensamiento de que también soy incapaz de dibujar sin un sigarro en la mano izquierda… pero en esa tengo el teléfono… y en la ofi no se puede fumar!

Qué sinvivir, qué desazón!

Me voy a fumar un piti a la calle.

•Viernes 28 noviembre 2008 • 17 comentarios

lula

LULA

15 de enero de 1998 – 28 de noviembre de 2008

Bon viatge, peluda.

Mai t’oblidaré.

Si Amor fuese palabra esdrújula.

•Viernes 10 octubre 2008 • 8 comentarios

Dame tu estupendez y un pergamino, siendo el acusado la latita de atún que dejé en tu mesita derecha, aquella que sin evitar subir la lavadora por el ascensor de servicio andaba dando tumbos al filo de los estornudos de un perro atorrante, que sin oficio ni otras consideraciones posteriores, untaba paté de moscas en las magdalenas de tu desánimo.

Ten en cuenta, sin embargo, que es necesario que indagues con ahínco acerca de la superpoblación de calcetines de rombos en aquellos aciagos días en que las industrias conserveras conservadoras conservaban a los conversos entre largas conversaciones. 
Cosas de la involución, supongo, aunque no estoy del todo seguro de que sea un aye-aye en celo. Si he de serte sincero, lo sé… pero no me atrevo a afirmarlo porque estoy empezando a embelesarme con la belleza de tu colección de triciclos.

Por supuesto, no dejes de recordar la calculadora alimentada por energía centrípeta que un día nos unió, pero al fin y al cabo… qué más da? En serio! Siempre nos quedará la sobrasada de cabrón, aquella misma que en tiempos de guerra ostentaban las viejas roñosas que desfilaban balanceándose en mis ineptitudes hasta darse de bruces con hondas tristezas meta-cristianas.

No dejes que la tiña se apodere de tu páncreas! 
No dejes que los placebos se entremezclen con tus concavidades!
No!
De verdad!
No vale la pena ser lo que fuiste si un día soñaste que hubieses podido ser amiga de mi mechero de gasolina normal. 
Tuve uno de gasóleo de calefacción, pero el invierno pasado ardió, dejándome aturdido en la cuneta hasta que apareció aquel que tenía que aparecer en ese mismo instante, quien me regaló sus escasísimos bienes, a saber, una moneda de tres yenes, un carromato de bacon con nata y unos segundos de priapismo que me hicieron sentir tan feliz que tuve que partir todas las galletas a trocitos.

De modo que, para resumir un poco todo lo que se dijo en el tratado de la facción peninsular de Bangla-Desh, trataré de explicarme con toda la claridad que me permitan los chorizos que emergen de tus fosas nasales.

Para empezar a entenderlo todo debes abrir tu mente y dejar fluir a los cocodrilos que pastan bajo tus adorables amígdalas, y hecho esto, prestar atención a la conversación que tuve con un zapato londinense:

– Hola!
– Te conozco?
– Tú eres un zapato…
– Lo sé. Siempre lo he sabido. Y no me avergüenzo
– Pero estás hablando.
– Cierto…
– Pero los zapatos no hablan!
– Entonces qué haces hablándole a un zapato?
– Tienes razón, ya no te hablo.
– Antipático!
– Por qué me insultas?
– Porque no me hablas.
– Cómo quieres que te hable si eres un zapato?
– Eso no es motivo para ser desagradable.
– No habíamos quedado en que los zapatos no hablan?
– Quién ha dicho eso?
– Tú.
– No, yo he preguntado qué haces hablándole a un zapato.
– Y?
– Y nada, sólo era curiosidad. No todos los días se ve a un tipo hablando con un zapato.
– En eso tienes razón.
– Le das la razón a un zapato?
– Bueno, es un caso excepcional…
– Hablar con un zapato?
– Al menos lo es el hecho de que un zapato tenga razón.
– Qué?
– Qué de qué?
– No te he oído, acaba de pasar una mosca del vinagre.
– Y eso que tiene que ver?
– Es que soy de Londres.
– Acabáramos! No entiendo nada.
– Por qué te extrañas? Hay muchos zapatos en Londres.
– Y todos hablan?
– No, los zapatos no hablan.
– Pero tú hablas.
– Sí.
– Y eres un zapato.
– Sí, y de Londres. 
– Ya me lo habías dicho.
– Claro, pero tú no lo habías entendido.
– Y sigo sin entenderlo.
– Londres está en Inglaterra.
– Lo sé.
– Y en Inglaterra hay zapatos.
– Como en todas partes.
– Lo entiendes ahora?
– …
– Espera!
– Qué?
– Mi paraguas! 
– Qué?
– Había quedado con él para ir al cine.
– Al cine?
– Si… Quiere ver “Los paraguas de Cherburgo”. Dice que el protagonista está bueno.
– La película no está mal…
– Bueno, la verdad es que yo prefería ir a “Las Sandalias del Pescador”…
– Lógico.
– Hola!
– Hola, cari.
– Ejem… Hola!
– Sueles hablar con los paraguas?
– Oh, yo sólo hablaba con tu… novio?
– Hablando?
– Sí.
– Los zapatos no hablan. Y tú, te tengo dicho que no hables con desconocidos.
– Sí, cari.
– Vamos, no quiero perderme los créditos.
– Si, cari. Adiós, amigo.
– Adiós, zapato. Adiós, paraguas.
– Los paraguas no hablan.

Sólo espero que hayas sacado alguna conclusión porque lo cierto es que desde aquel día siento el corazón lleno de escarabajos, el hígado no me soporta y yo sólo tengo ganas de comer pipas con sabor a vichysoisse.
Al menos pude captar la moraleja que se escondía tras aquel argumento impagable que nunca pedí pero que tuve que soportar porque no tenía más remedio que coserme el forro de mi cajita de apagavelas al dorso de una estampa de San Nicolás del Puerto, tan guapo que era y sin embargo con el ano tan lleno de forúnculos. A él le rezo para que el amor sea, algún día, palabra esdrújula.

Extraído del bloc de notas rojo.

Dadá en Hostafrancs

•Sábado 4 octubre 2008 • 17 comentarios

No es precisamente la receta para construir poesía dadaísta de Tzara, pero servirá.
Me daba taaanta pereza ponerme a recortar revistas… Así que he agarrado un libro y he copiado la primera frase de la página derecha.

Corresponde a fragmentos de la novela “La aventura del tocador de señoras” de Eduardo Mendoza.

Mi más sentido pésame
Por Magnolio Arderiu

Fijó en mí su atención
En toda la mañana.
A colocar en su sitio
y salir de naja.

Y ella conducía
como era tal cual,
acompañando pasada la medianoche
otra madera noble de los peldaños.

La masiva presencia del realizador
¿Qué tonterías está diciendo?
Aguas bautismales… o freáticas
de su difunto padre.

Una simple cagarruta en el tablero de ajedrez
de mis antepasados, porque soy animista
¿Ha traído el coche?
¿Has cenado?

Una vez más pedí
Conque me hizo entrar en su piso.
Luego de repente
insistía en que me casara.

Yo me fui a estudiar al extranjero…
y se vaya a la mierda
para una visita familiar
hacía más de media hora.

No deben ustedes confundir
en el áfrica ecuatorial
poseíamos documentos altamente perniciosos
y este disfraz tan chungo te cae que ni pintado.

–Koniec–