Los Pitufos y las grandes conspiraciones

•Lunes 29 septiembre 2008 • 14 comentarios

En todo internet ya se habla de la faceta visionaria de Yvan Delporte (* 1928 – † 2007), editor y guionista de Éditions Dupuis y co-creador de los pitufos junto a Peyo.

Pero… ¿Por qué visionario? ¿Por qué poner a un guionista de comics infantiles (con todos los respetos, se entiende) casi al nivel de Julio Verne?

Veamos:

Durante décadas todo el mundo creyó que George A. Romero fue el precursor del subgénero del cine de zombies-infectados-caníbales-agresivos, que estableció un antes y un después en el cine de terror y dinamitó el personaje zombie creado por magia negra (y llevado al cine por Victor Halperin en “White Zombie”, con Bela Lugosi).

FALSO!

Sólo hay que echar un vistazo al álbum “Los pitufos negros” para darse cuenta de que Peyo y Delporte crearon el género, aunque en cómic, nueve años antes (1959) en la primera historia donde los Pitufos eran protagonistas absolutos.

pitufos negros

En ella, los pitufos se enfrentan a una amenaza que puede acabar con su pueblo: La mosca “Bzz”, que tiene más mala leche que la tsé-tsé, transmite una enfermedad que convierte en un pitufo negro y rabioso a todo pitufo a quien pica, y además todo pitufo infectado que muerda a otro pitufo se convertirá a su vez en un pitufo negro.

contagio

pagina

En la historieta vemos prácticamente todos los tópicos que han marcado el género zombie/infectado a lo largo de su historia, a saber, un contagio vírico (pienso sin ir más lejos en 28 días después) de origen desconocido (La noche de los muertos vivientes), el zombie capturado para experimentar con él, iniciativa que saldrá como el culo (El día de los muertos), el zombie pensante capaz de trazar estrategias (La tierra de los muertos vivientes, El regreso de los muertos vivientes) y así tantos otros.

ataque

La admiración que despierta en mí G. A. Romero, aún costándome horrores perdonarle las dos últimas entregas de su saga me impide afirmar que es un farsante, pero no puedo evitar preguntarme ¿Es posible que hubiese leído “los pitufos negros”?

¡Pero esto no termina aquí!

En 1970, Delporte y Peyo lanzaron “El Cosmopitufo” y a día de hoy resulta cuanto menos chocante su argumento, más aún si consideramos que su publicación fue un año después de la llegada del hombre a la luna.

cosmopitufo

Su sinopsis:

El Cosmopitufo es un soñador. Vive con la ilusión de alcanzar las estrellas, volar por el espacio a otro planeta, por lo que decide construir un cohete (a pedales, el muy inocente) que le hará salir de la atmósfera y viajar por el cosmos.

viñeta

cohete

Por supuesto, el Gran Pitufo (no “Papá Pitufo”, no jodamos) sabe de antemano que el invento jamás funcionará, por lo que para no desilusionar al Pitufo Soñador le narcotiza y con ayuda de todos los pitufos transporta el cohete a un paraje desértico y da a beber a toda la tribu un brebaje que les convertirá en unos seres distintos.

El pitufo soñador creerá que que ha viajado a otro planeta, sin darse cuenta de la farsa

droja

llegada

A estas alturas ya habréis adivinado que este argumento es una clarísima premonición de las dudas que recientemente han salido a la luz acerca de si el hombre había o no llegado a la luna.

Quizá Delporte jugase con ventaja al incluir de manera taimada esta duda conspiranóica en una historieta infantil, un medio al que difícilmente la NASA o el gobierno estadounidense prestarían atención, colando el mensaje de manera subliminal en la mente de millones de niños, los cuales años después pondrían en tela de juicio la veracidad de las imágenes que el 20 de julio de 1969 llegaron a todos los hogares del mundo.

Las preguntas son varias:

¿Cuántos habrán caído en la cuenta de que la duda vino inducida por los mismísimos pitufos?

¿Qué resortes psicológicos accionaría Delporte en su guión para penetrar en la mente de los niños y que la conspiración se activase con efecto retroactivo?

¿Calcularía Delporte el momento de su muerte para salir indemne de la conspiración?

¿Es en definitiva, el golpe perfecto contra los delirios de grandeza del ser humano?

Para que luego se ponga en duda el poder del cómic como medio de comunicación…

Fe de erratas: Leyendo la entrada que Ivanchu ha publicado el su Gruñiverso me he dado cuenta de que “los pitufos negros” se publicó en 1963 y no en 1959, que fue en realidad cuando aparecieron las primeras historias cortas de los pitufos antes de “los pitufos negros”, que fue sus primer album largo como personajes principales. Sorry!

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Nota cultural de Septiembre 2008

•Martes 23 septiembre 2008 • 1 comentario

Si tenemos en cuenta que el exoesqueleto quitinoso de un Acerbus Petræ Cibicida (comepiedras verde) es capaz de soportar una presión de 500 nµ (nanojulios) recuperando inmediatamente su forma original llegamos a la conclusión de que estrujarle las pelotas a un avestruz rabioso no es lo más recomendable si se quiere ser cosmonauta.

Nota Cultural de Julio 2008

•Lunes 28 julio 2008 • 4 comentarios

Los más prestigiosos estudiosos de la Biblia han llegado a la conclusión de que al Evangelio según San Mateo le faltan páginas, cuyos manuscritos fueron extraviados durante el milagro de los panes y los peces. A falta de papel de periódico, pues tan difícil resultaba encontrar un quiosco en pleno desierto, era lo único decente para envolver los arenques.

Váyase usted a la…

•Lunes 28 julio 2008 • 12 comentarios

Hace unos días, en una de mis compras nocturnas al Opencor, tuve una breve conversación con la encargada del turno que me hizo reflexionar acerca del trato que se dispensa al cliente y, por extensión, al prójimo sea cual sea su status en la cadena comercial.

Compro regularmente en este supermercado desde su inauguración, y sí, ya sé que son El Corte Inglés, ya sé que son caros y que normalmente de cinco cosas que buscas una no la tienen. Que siempre podría comprar en el paqui, pero es que ni de eso tengo tiempo porque éste cierra a medianoche, y a esas horas aún me quedan unos cuantos pares de cosas que hacer (amén de ser tanto o más caros que el Open, con la ventaja de que los paquis se saltan a la torera la tontísima normativa de no vender bebidas espirituosas pasadas las 11 de la noche, sobre eso ya escribiré en otra ocasión que también tiene su miga), de modo que podéis censurarme por engordar las arcas de estos derechones explotadores, aunque sea con mi simbólica barrita de pan (carísimo, ande vamos a llegar!) y alguna tontería para llevarme a las muelas (marca El Corte Inglés, más baratica aún a costa de la flagrante extorsión que ello supone a los proveedores de producto bruto).

Venga, ya está…no me voy más por las ramas, que tengo tendencia a ello y no precisamente por estar absolutamente convencido (que lo estoy) de que nuestra especie (la humana, no la gilipollas aunque suene redundante) desciende del primate.
Vaya… ya me estaba subiendo a la parra otra vez. Dejemos también las aseveraciones evolutivas, que no quiero que la Iglesia Católica, Apostólica y lo que sea -que es muchas más cosas que me guardaré- se me mosquee, que ya andan revolucionaos con el asunto de la contribución a la Sagrada Institución en las declaraciones hacienda.

El caso, a ver si me centro de una vez, es que desde hace más de un lustro voy con regularidad a hacer mis compras “de urgencia” al Opencor y por supuesto conozco de algo más que un “hola” a prácticamente todo el personal del local. Incluso me sé sus rotaciones horarias y hasta quién me va a poner el pan más tostado o a quién puedo pedirle que me mire en el almacén si quedan pepinos, que parece que se les han terminado.
Por supuesto, ellos también me conocen a mí y nada más entrar me preguntan por el perro, me señalan la panadería por si han de acompañarme (y así se ahorran escuchar el impertinente timbre) o se maravillan de lo que me resaltan las orejas cuando me corto el pelo.

Pero hay un detalle que me mosquea.
Me llaman de USTED. Incluso han llegado a calificarme de SEÑOR. Y peor aún, de CABALLERO.
Y podéis creerme: Jamás he ido al super con armadura, y menos con corbata (tengo la teoría de que limita el riego sanguíneo al cerebro, así va el país con tanta corbata tomando decisiones).
Siempre, siempre les recuerdo a los veteranos y les hago saber a los nuevos que no quiero que me llamen de usted, y mucho menos me pongan títulos que no tengo, como señor, caballero o Su Sabia Eminencia.

Su respuesta: “Son las normas”. Alguno se extiende algo más contándome que “han tenido problemas por saltarse las normas de trato al cliente” o incluso que “un fulano les pidió el libro de reclamaciones porque una cajera le tuteó”. Tremendo.

Aunque yo insisto. Soy mejor cliente que cualquiera que venga de paso (que es normalmente el objeto de este tipo de establecimiento) y si mi deseo es que se me tutee, pues se me tutea siempre y cuando la confianza no vaya acompañada del derecho a cubrir al personal de lametones, lo cual amén de inapropiado, sería más bien antihigiénico.

Porque a ver… que no es porque me pesen los años (que ya empiezan) y el tuteo me haga sentir más joven ni nada de eso.
Es que no quiero formar parte de la hipocresía que supone el dispensar un trato protocolario hacia alguien de cuyos muertos te estás acordando para tus adentros o que, por contra, te cae bien hasta el punto de intercambiar chascarrillos que te animan las últimas horas de curro. No es de recibo, en serio.
He visto gente hablar por teléfono con todo respeto, con “ustedeo” (si tal palabra existe, que me da que no aunque salga en google), con reverencia, pompa y corrección castrense hacia un cliente y la siguiente palabra después de “adiós”, una vez colgado -casi siempre- el teléfono, ha sido “cabrón”.

Que vale, que son las normas, que tu jefe se cabrea cuando tuteas a alguien a quien él está “ustedeando”, que eso marca la distancia entre cliente y proveedor, que le recuerda al cliente (y al currante raso) quién manda, que es, en definitiva un forma de (asquerosa) segregación clasista hábilmente encubierta en forma de corrección formal y sana costumbre.

Al fin y al cabo la forma no esconde la intención, de manera que aunque suene mejor a según qué oídos, es exactamente lo mismo decir:

“Eres un hijo de puta”

que

“Caballero, me consta que su madre de usted es un zorrón de amplísimo calibre, lo que le convierte a usted en un hijo de la grandísima puta”.

Quedará más formal la segunda opción, pero en realidad no deja lugar a dudas acerca de la intención, mientras que la primera opción es mucho más parca en lenguaje escrito pero a su vez más rica en matices, así que según el tono y la expresión facial con que se pronuncie, puede entrañar desde la más profunda acritud hasta la más cálida amistad. En la ambigüedad está la necesidad de hablar mirando a la cara. Viva pues.

Es más… podría incluso hacerse la prueba de escribirle una carta a Don Juan Carlos I, Rey de España y Familia con el siguiente texto:

“Sus Majestades Don Juan Carlos y Doña Sofía de Borbón:

Quisiera hacer notar, como súbdito, compatriota y, por último, amigo preocupado por su imagen pública, que la sensación que dan sus vacaciones, viajes, actividades diarias y su compensación económica por las mismas, es la de que ustedes -pluralización que engloba a todos sus familiares cercanos, lejanos vivos y difuntos- gustan de ocupar su tiempo aliviando el picor de sus genitales en un sofá de piel que cuesta tres veces el sueldo de uno (o más) de sus súbditos, y esto nos sugiere que fueron alumbrados y acaso educados por una o varias señoras de dudosa moral cuyo puesto en la cadena económica estatal se establecía en los aledaños del Nou Camp o acaso en la calle de la Montera, si es que la susodicha tuviese más vinculación al palacio de la Zarzuela que al de Pedralbes.

No quisiera despedirme sin felicitar a sus hijos de ustedes por romper la cadena endogámica que ha hecho de ustedes lo que son y lo que sus súbditos perciben, ya sea en silencio o abiertamente.

Suyo afectísimo:

El abajo firmante”

Formal, eh?
Pues en realidad estaría diciendo lo mismo que una nota escrita en una servilleta del bar, colada en el correo de la Zarzuela (franqueada, eso sí, no vayamos a defraudar al estado y a la muy solvente Institución de Correos y Telégrafos) con la leyenda:

“Juanca:

Tú y los tuyos tenéis fama de ser una panda de gandules hijos de puta y además unos taraos genéticos.
Enga, ven a hablarnos de crisis cuando te paguemos el sofá del Felipín.

Un besito”

No diré nada de la zafiedad de esta nota, propia de alguien que ha aprendido a hablar y a escribir en la calle.
Pero coño! si quiere decir lo mismo!
Diferencia: Si pronuncio la primera carta en voz bien modulada y vistiendo y calzando de ministro, la Zarzuela convoca un pleno extraordinario para que me retracte de mis afirmaciones (que son en realidad suposiciones).
Si pronuncio lo segundo vistiendo vaqueros y camiseta, incluso desprovista de toda leyenda antimonárquica, me cae un paquete asín de gordo.

En fin… Podría cargar contra el país en que vivimos, tan lleno de protocolo, rancias costumbres y simpatía por el sabor del trasero ajeno, pero es que no. Es que es condición humana el dispensar un trato hacia el prójimo de manera tan poco espontánea por exigencias de la corrección de formas.

A todos los que hayan terminado el ladrillo:
Que Dios les conserve el ocio por muchos años, o lo que es lo mismo…
Es que no tenéis nada mejor que hacer?

Hala, hasta otra.

Nota Cultural de Enero 2008

•Martes 15 enero 2008 • 4 comentarios

Armstrong, al pisar la luna por primera vez, se dió cuenta de que con la escafandra puesta no se puede tocar la trompeta, por lo que no pudo interpretar “Hello, Dolly” y eso le llevó a una depresión tan profunda que hizo que no quisiera volver a la luna ni jarto de sangría.

Nota cultural de Diciembre 2007

•Domingo 23 diciembre 2007 • Dejar un comentario

En su último discurso, Winston Churchill omitió deliberadamente la receta de la merluza a la Segoviana, lo cual dice muy poco de su integridad como persona.

Nota cultural de Octubre 2007

•Domingo 23 diciembre 2007 • Dejar un comentario

Macao es el país con mayor densidad de población del mundo, pero de bien poco les sirve porque a casi nadie le gustan Los Chichos.